Cuando uno piensa en la inteligencia artificial, en ocasiones resulta difícil pasar de las simples elucubraciones a la realidad. A menudo, el debate se queda estancado en proyecciones futuristas o conceptos eminentemente teóricos, perdiendo de vista el reto técnico que supone convertir esas ideas en herramientas operativas que funcionen.

En ocasiones se cae en la simpleza redundante de pensar en los chatbots comerciales como ChatGPT o Gemini, y creer que estos podrán redactarnos una sentencia de principio a fin con un par de indicaciones. Quizás en el futuro sea posible, pero en la actualidad, no.

Para entender el proyecto que hoy os presento, es necesario hablar primero de algoritmos. Calma, que el nombre asusta, pero es un temor infundado. En el mundo de la tecnología, un algoritmo no es más que un conjunto de instrucciones ordenadas y lógicas diseñadas para resolver un problema específico. 

Antes de que exista una sola línea de programación, debe existir un diseño mental: un mapa que decida cómo se va a tratar la información y qué límites no se pueden cruzar.

Lo que voy a explicar en esta entrada no es un software terminado, como la herramienta de conformidades, sino el mapa mental de un proyecto inacabado. Se trata de un ejercicio de estudio que se detuvo en una fase embrionaria, pero que sirve para ilustrar cómo se puede estructurar el pensamiento jurídico para que sea asistido por la tecnología sin perder su esencia humana.

Conviene tener en cuenta que, tras la nueva instrucción 2/2026, este diseño, aunque se llegara a materializar, tampoco sería usable en el contexto actual por motivos normativos. No obstante, y como hemos anticipado, el proyecto se detuvo en la fase de diseño algorítmico, permaneciendo guardado como un mero ejercicio de estudio sobre el papel.

¿Qué era el asistente y cómo pretendía funcionar?

La esencia del proyecto era exactamente lo que su nombre indica: pretendía ser un asistente de redacción mediante una estructura de prompts (el comando que le indica a la inteligencia artificial qué debe hacer y bajo qué parámetros debe responder) organizados y cohesionados entre sí, diseñados para guiar paso a paso en la creación de una propuesta de resolución. 

La idea era que el sistema careciera por completo de capacidad decisoria, y que su labor se limitara a procesar la información que el usuario le suministrara para darle una forma jurídica coherente.

La idea detrás de el proyecto era la de actuar como un carril muy estrecho del que la IA no pudiera salirse, asegurando que su comportamiento fuera siempre predecible y profesional.

Para ello, me planteé la posibilidad de que el programa se basara en dos grandes procedimientos: un primer proceso de EXTRACCIÓN de los datos que el usuario ha introducido, y otro de REDACCIÓN.

2.1 Primera fase: extracción

La fase de extracción pretendía obrar como una labor de ingeniería de datos donde la herramienta identificara y organizara cada pieza de información relevante. La inteligencia artificial analizaría todo lo que el usuario hubiera introducido y confeccionaría con ello lo que en su día denominé Dossier de Hechos Atómicos.

Dicho dosier tenía por objeto servir como una base de datos estructurada donde cada nombre, fecha, objeto o acción queda catalogado y listo para ser utilizado.

Su función no sería la de redactar párrafos literarios, sino realizar una labor de deconstrucción técnica para crear pequeños paquetes de información como: nombre de las partes, fecha del juicio, intervinientes, penas solicitadas...

Entrada bruta: El Ministerio Fiscal acusa por un delito de conducción sin permiso del 384 CP interesando una pena de 6 meses de prisión. La defensa pide la libre absolución y, subsidiariamente, la imposición de la pena de multa. 

  • Cápsula de Acusación: Ministerio Fiscal.
  • Cápsula de Delito: conducción sin permiso del artículo 384 del Código Penal.
  • Cápsula de Pena Solicitada: 6 meses de prisión.
  • Cápsula de Tesis Defensiva Principal: Libre absolución.
  • Cápsula de Tesis Defensiva Subsidiaria: Imposición de una pena de multa.

Una vez que el dossier de hechos atómicos estuviera listo, se me planteó una duda: ¿qué pasaría si un usuario le llegara a pedir a la IA que tomara una decisión por él? Recordemos que el objetivo del asistente era ser un complemento, no un sustituto...

Entonces entendí que en la fase de extracción debía existir un módulo cuyo único objetivo fuera analizar minuciosamente todas las instrucciones volcadas en el dosier con la finalidad de detectar y bloquear cualquier intento de delegar la carga intelectual en la máquina, estableciendo con ello un primer filtro de control.

2.2 Segunda fase: redacción

Tomando como base el dossier de hechos atómicos generado anteriormente, a continuación se activarían una serie de instrucciones independientes, una por cada apartado de la resolución (encabezamiento, antecedentes...) que irían seleccionando los datos necesarios para construir, pieza a pieza, las distintas partes de la sentencia.

Ejemplo: La instrucción correspondiente al encabezamiento podría obtener del dossier el juzgado, tipo de procedimiento, número, identificación de partes y delitos, y en base a todo eso, se solicitaría de la IA que los cohesionara.

La finalidad de este diseño era que la inteligencia artificial funcionara como un soporte para la estructuración del pensamiento del juzgador y que no pudiera introducir ninguna conclusión que se apartara del dosier de hechos atómicos.

Sin embargo, soy consciente de que las alucinaciones existen, y que perfectamente podría darse el caso en que la IA se sacara de la manga un hecho de forma sorpresiva, con lo que entendí que al proceso básico de redacción le tendría que seguir otro de auditoría cuya función fuera la de actuar como un filtro de seguridad que comparara el texto procesado frente a la fuente primaria, exigiendo el rechazo inmediato del contenido si la IA ha sucumbido a la tentación de inventar datos/valoraciones que no hayan sido extraídos del dosier de hechos atómicos y, por ende, introducidas por el usuario.

Desde luego no sería algo infalible, pero sería un segundo filtro actuando como guardián de la integridad documental.

2.3 Resultado

Rellenados todos los campos, tendría lugar un proceso en absoluto instantáneo ni lineal, sino una cadena de ejecuciones:

En primer lugar, se activaría la fase de extracción, procesado las notas y documentos ficticios introducidos para crear el dossier de hechos atómicos basado en unidades mínimas de significado.

Una vez validado ese dossier, se habría iniciado la fase de redacción. El programa lanzaría los prompts de ensamblaje de forma secuencial y el motor de IA buscaría en el dossier los datos necesarios para cada apartado, uniéndolos con conectores gramaticales neutros.

Finalmente, antes de dar por terminado el proceso, habría entrado en juego el control de integridad: si el filtro de auditoría daba el visto bueno, el resultado habría sido una propuesta de resolución estructurada que el usuario podría haber usado como base para su revisión y redacción final.

Conclusiones

Para cerrar esta exposición, me gustaría compartir algunas valoraciones personales sobre este diseño.

Valoración técnica

En cuanto a la arquitectura base del sistema, tras este primer desarrollo puramente experimental, albergo dudas de si existe una mejor forma de sistematizar los datos. En un origen, barajé la posibilidad de no hacer un despiece de hechos atómicos, sino de que cada instrucción tuviera acceso a la totalidad de lo volcado en el programa. 

Ese acceso total sería útil para no dejar fuera ningún detalle, pero en su momento opté por el dossier porque pensé que iba a facilitar mucho la agilidad del procesamiento. No obstante, el riesgo es evidente: existe la posibilidad de que la IA obvié información importante, dejándola sin sistematizar en origen.

Sin embargo, creo que una evolución teórica del sistema sería que cada proceso accediera a un conjunto muy específico de hechos, a saber, los estrictamente necesarios para llevar a cabo la concreta instrucción.

En cualquier caso, el mayor reto para que un asistente de este tipo fuera mínimamente viable —y lo que lo hace actualmente imposible para un uso profesional— sería no solo crear sino también pulir todas y cada una de las instrucciones mediante meses de ensayo y error.

Pero es que incluso tras meses de desarrollo, aunque consiguiéramos una herramienta perfecta, conviene tener en cuenta que la revisión humana exhaustiva es un imperativo innegociable: el juez debe ser siempre el filtro final que garantice que cualquier borrador sea fiel a la realidad de las actuaciones.

Valoración ética

El objetivo principal que perseguía con este experimento era definir el límite exacto en el que la tecnología puede intervenir sin invadir la labor jurisdiccional. En el diseño de esta herramienta, la IA carece de capacidad de decisión: todo el peso del fallo y del razonamiento raceaería exclusivamente en el usuario. 

La arquitectura se planteó de forma tan restrictiva que incluso se bloqueaba cualquier intento de delegar la carga intelectual en la máquina. El algoritmo nació, por tanto, como una exploración de un cauce técnico y nunca como un sustituto del pensamiento humano.

En mi opinión, que el sistema se encargue únicamente de cohesionar de forma técnica los argumentos definidos por el juez no atenta contra el carácter humano de nuestra función. Al contrario, el núcleo del juicio sigue perteneciendo al juzgador. 

En definitiva, y como avanzábamos en la introducción, mi intención no es presentar una herramienta definitiva, sino ofrecer una ventana a lo que puede suceder entre bambalinas cuando nos planteamos aplicar la tecnología al derecho. 

Espero que, al menos, este ejercicio sirva para vislumbrar el camino técnico que queda por recorrer y para reflexionar sobre cómo deberíamos diseñar las herramientas que, tarde o temprano, terminarán asistiendo a la justicia.